(Texto incluido en la antología Tripulantes, nuevas aventuras de

Vinalia Trippers)

Tinta y barro

Donde antes había pueblos y voces, el tubo de imagen ha colocado hambre y olvido. Estruendo de estómagos burbujeantes. Esquelas que barre un agua de mares enfurecidos. Con tan solo un dedo hago volver a la habitación el confortable balar de las ovejas, la supuesta impasibilidad ante el gruñir de los perros. Automáticamente, se desnudan ante mi los galones y los pies de foto. El guiñar de ojos y los cheques encerados. Las espaldas acariciadas y los cazos a la espalda. El blanco nuclear de los folios espera su rotura de himen de la mano creadora del ARTISTA. La mediocridad se rinde ante su caligrafía incólume, ofreciéndole sus oropeles de a tres turnos y sus tardes de domingo travestidas con humo de tabaco negro. Tal que un sumiller, el genio se recrea en el léxico, los epigramas, LA PALABRA; los eyacula después de dejarlos rebotar inocentes en su impoluto paladar. Las páginas, exhaustas, piden más, más, más. La generosidad de su pluma no conoce límites. La santa benevolencia de su ser las dejará descansar antes de la sodomización definitiva: la publicación de SU OBRA. De pronto, un sonido turba y revuelve a las musas. El ruido no es otro que el de los cerrojos de los francotiradores de las aceras. Apostados en las esquinas esperan un pequeño descuido para acribillarme. Dios. Vienen a por mi. Dios santo. Ojalá no sea demasiado tarde para desdentar a la literatura, para violarla por última vez antes de ofrecerle el tierno beso del cubo de basura o de una pira purificadora. Ojalá no sea tardío el crepitar de lápices y libros pudriéndose enterrados. Tal vez entonces me redima de mis pecados y ya por siempre pueda entregar mis manos a menesteres terrenales: al laborioso placer del abrazo, al entregue a los demás, a la inutilidad de todos mis actos, al tacto de todo lo que no sea genialidad, trascendencia. Inmortalidad. Quizá entonces, aunque con las manos aún sucias, cada vez que escriba, deje

                                                                                                             de sentirme

                                                                                         un asesino.

A la memoria de todos los muertos en la catástrofe del Tsunami.

A la memoria de los supervivientes.