Raigambre (2009)

Mi mula nunca duerme

No temas por mí cuando aniden buitres en mi espalda,
jamás te preocupes del lodo que inunda mi sien
si viste a las ratas atarme las patas,
si buscan las hienas mis venas hurgando en la piel,

que mi mula nunca duerme, has de saber
de su remoto desdén,
que la hierba nunca crece en las huellas de sus pies,

no espantes las moscas que quieren su parte y la mía,
de sobras y de porquería está lleno el pastel,
de tiros certeros para carroñeros
que van a chuparse los dedos al verme correr
entre cucharas de palo, entre casas sin barrer,

si el día me agarra entregando en silencio mi espada
será porque tengo guardadas detrás otras cien,
y un pie en el pescuezo y el otro al estribo,
y vuelvo más muerto que vivo a empezar otra vez,

que mi mula nunca duerme, has de saber
de su remoto desdén,
que la hierba nunca crece por donde pisan sus pies,

que los cascos de negro azabache
se vistan de blanco papel
al cambiar por rebuzno el silencio
y más necio no se pueda ser,
si se enreda con la polvareda
la mano que da de comer,
si sisea en mis dedos hambrientos el viento.

Elegía a Don Nadie

Me iré como se van las tardes, sin nada que hacer,
tanteando escaleras, poniendo el cartón del revés,
buscando la hondura, cosiendo armaduras,
cavando surco para tres,
echando cuentas a la luna cuando no me ve,

me iré como el agua del grifo, para no volver,
como los otoños, dejando las hojas caer,
deshaciendo el moño que luce el demonio,
quitando traviesas del tren
que lleva allí donde abrevan las reses sin sed,

y en los callos brillarán sortijas,
mi espalda será la bandera hecha trizas
que barra el sendero al saber que…

tan sólo quería el galope que borre la cara y los nombres,
que deje el rastrojo crecer,
y tal vez recoger la más pura esencia a racimos
de aquel equivoco que fuimos,
que manche el recuerdo de miel,
que quite y que dé, que abone la fe, que pode el destino,
que no seque el limo, que sea el hilo fino que zurza otra vez
tu piel y mi piel,

por las ascuas me iré, sin ti, como las faldriqueras, guardándome bien
de nudos errantes, de palmas por el terraplén,
girando las sillas, mirando amarillas las aves que oscuras pinté,
clavando en sus ojos astillas del mismo pincel,

y en los callos brillarán sortijas,
mi espalda será la bandera hecha trizas
que barra el sendero al saber que…

tan sólo quería el galope que borre la cara y los nombres,
que deje el rastrojo crecer,
y tal vez recoger la más pura esencia a racimos
de aquel equivoco que fuimos,
que manche el recuerdo de miel,
que quite y que dé, que abone la fe, que pode el destino,
que no seque el limo, que sea el hilo fino que zurza otra vez
tu piel y mi piel,

como nadie me iré
para nunca volver.

El gallo

Soy el gallo que no avisa al clarear,
soy el hueco en el redil,
el que se lava la cara para ti
con vinagre y agua negra,

soy la soga que no aguanta tu mirar,
que sujeta al jabalí,
el sembrao donde no hay sitio para mí,
en el que caga la niebla,

soy el cántaro en pedazos y, otra vez,
a la fuente hasta morir,
el enterrador que intentará esconder
las tijeras entre piedras,

soy esqueje de la acera y poco más,
la mordaza del atril,
cremallera por donde quieren mirar
las agujas que no enhebran,

y un revuelo de plumas dirá que me he ido,
vaya usted a saber,
pregúntale al barro, al carro de versos paridos,
a los ceniceros, a mis dedos tan desvalidos,
al ala de cada sombrero, a su vuelo pregúntale,

te dirán que mis palabras fueron el lecho de un loco,
un arañazo en la cara,
una piara, un esconder,
una calada a tus ojos,
el eco de la tos de los despojos,
astillas entre las uñas,
en el cuello un cascabel,
te hablarán de los maullidos,
que afilé los espolones,
que de sueños derruidos dejé llenos los cajones,
te dirán que nunca he sido,
te dirán que pude ser.

Caldo de tallos

Enjuágate la tez en el caldo de los tallos,
cuando encharque las biznagas te verás… conmigo,
entonces ahogarás con las crines de un caballo
sin alforjas, sin montura, sin dudar… tu ombligo,

no volverás a ver a la hiedra desflorando
cada muro moteado de soledad,

si los días pintan bastos desabrochan las navajas
y, el botón que se quedará sellado,
guardará tanto puño blanquecino
que no quiso ser cuneta, ni elixir
que babeen los poetas al mentir,

al dormitar de ayer tira los peines dañinos,
la mañana nunca supo de aguantar… ronquidos,
yo no sabré qué hacer cuando escuche resoplidos:
de jinetes que tuvieron que remar,

¿quién te enseñará a dormir cuando no esté aquí,
cuando se rebelen las almohadas contra ti?,
¿quién bailará con la desazón dándole calor?,
sucios los jarrones no recuerdan a la arena que existió
en este hogar que nos dejó sal en los remiendos,
dársenas de estiércol, charcos de rocío en el hastío
que baña la luz,

quiero echar a perder las hebras que se pegaron
al felpudo ensordecido de tapar… el ruido
de su patalear, de su busca de resguardo
bajo el techo que fue nuestro respirar.

Donde menos duela

Mastico la lengua podrida de las churreteras,
después ronroneo y me aireo con el qué dirán,
si quieren medirme la cara, mi cara aquí espera,
tendrán mi simiente en los dientes para germinar,
cayeron torres altas, de lodo,
cayeron noches como manadas de lobos,
mientras caían medios días yo decía,
nadie me quiso escuchar,
¡venid aquí!, que no hay bastones que nos separen del mar,
ni más razones para hartarnos de esperar,
bajo este cielo que no llorará maná,

me quise salir del enjambre de bocas roñosas
que quieren subirme al madero para lapidar,
pelea en la panza el hambre con las mariposas,
no quiero saber de la danza de su palpitar,
se alzaron voces, fueron de todos,
junto a las manos para acariciar los lomos
de tanta herrumbre y muchedumbre
que le estorban y le traban a mi andar,
¡fuera de aquí!, que no hay más leña ni más fondo que rascar,
borrad el rastro para el que venga detrás
si quemo el pasto para no escuchar balar,

y que se desangre el sol por las llagas abiertas
que quieren ser puertas de mi corazón,
que se desangre el sol,

en los dobladillos me guardo cuchillos que apagan las velas,
que son la cancela de nuestro corral,
que amagan al aire, que esperan que amaine el hervir de cazuelas,
donde menos duela los voy a clavar,
en cada laguna en que duerma la luna, en las callejuelas
en las que no espera mi cuarto de pan,
en la luz borrosa en la que se posa y fallece la pena,
donde menos duela,

quedó el sopor de los normales, que en su bostezo van sembrando barrizales,
y yo me empeño en vender sueños en portales donde nadie habita ya,
y yacerán junto a mis huesos besos que no quise dar,
ojos de yeso de arañar el ventanal,
de los posesos que se olvidan de olvidar.

Piedras y cal

Dormir, ¿quién puede dormir contando lagartos en celo,
con tanto delfín levantando el suelo de este polvorín?
y ahí va, cojeando la paz, con heces goteando del pelo
de tanto soltar las palomas blancas que a trancas irán

buscando los nidos donde estén dormidas
las alas de piedras y cal, las bocas que yerran,
que nunca vencieron y son bienvenidas,
que abrazan el polvo al besar puñados de tierra,

seguir llorando serrín es vana tarea en el faro del farero ruin,
aunque no hay quien vea su triste desliz,
y al fin me torno lombriz que quiso ser bicha y no pudo,
¡desdicha de mí!, descubro mi embudo, nariz con nariz,

y olfateo nidos donde están dormidas
las uñas para acariciar las cunas deshechas,
las olas de cieno, las venas partidas,
esquinas donde libarán abejas maltrechas,

mi quejío será del color que lo pinte
la asquerosa linde de mi porvenir,
la pinza de alacrán que al veneno resiste,
si al viento se rinde se vuelve adoquín.

Una cama herida

Se oyó un estruendo de tuercas a mi alrededor,
rodaron desnudas, se quedaron mudas buscando un rincón,
después, los tornillos fueron como grillos,
de gritos punzantes, de cantes de amor
por todos sabido, de nadie deudor,

temblor de un crujir de cimientos que al viento lloró,
malditas raíces que todo lo dicen, bendito su olor,
su aroma a jamila que al alba le esquila
los sueños sobrantes que no espante el sol
con la flor marchita que habita en mi voz,

y la luna es una cama herida
si la vida es su sucio colchón,
escombrera de noche abatida,
tan manida por el mismo sol
que acecha tejiendo entre nubes
sus rayos de mierda que son mi sudario
que, al tocar la tierra harán caer santos
desde el campanario,

rugió un murmullo que arrasa y que no busca a Dios,
que ronda mi casa, que amasa rencor,
y en el pecho un hueco con mil recovecos
tapiado con piedras que al día robó
de arroyos tan secos como el corazón,

y la luna es una cama herida
si la vida es su sucio colchón,
escombrera de noche abatida,
tan manida por el mismo sol
que acecha tejiendo entre nubes
sus rayos de mierda que son mi sudario
que, al tocar la tierra harán caer santos
desde el campanario,

que aviva las llamas prendidas
que dentro de mí son mil rosas sin pinchos,
que en mí se desangran con cada poema,
en cada relincho.

Delirio (alud de humo)

Hablemos, si quieres,
si te parece, para variar,
de los dolores sordos,
y del miedo a la muerte,
del que no habla nadie,
a no ser que sea muy tarde en la noche
y andemos de un lado a otro
con el miedo a cuestas,
con la certeza de que nada era como parecía,
de que la vida transcurre por las buenas,
sin hacer otros regalos que los precisos,
los que cada cual se cobre.

Llegó el alud,
volvieron los pedruscos a reinar en mi almohadón
que sólo hasta ayer dormitó,
y al que ahora despiertan graznidos
y un delirio de sol
que intente agrietar la pared
con mil manantiales de ron
donde desandarme otra vez,

cayó la cruz,
y no hubo musgo para amortiguar el resplandor,
quedó el cuello del avestruz,
sustento de gatos insomnes,
de tejados sin red
donde despeñarme sin ti,
haciendo un inútil quehacer
del arte de sobrevivir,

¿a dónde me encaminaré
con las suelas de cemento,
con los hombros polvorientos?,
por parajes alfombrados de cordura
tal vez busque la llanura en la que ser
el humo que no se descubre
y que no deja ver,
el mismo que todo lo pudre,

mi sombra me entiende,
me escupe y me muerde.

(El texto en cursiva está extraído del libro Carta de vagamundos, de Miguel Sánchez-Ostiz)

Los sacos llenos

Gargajo de salamanquesa, mata de jazmín,
un patio encalado, el humo que calza las mesas,
el hierro que quise de jaula de jilgueros grises,
la ruina que habita despensas,

el ojo que tuerto te mira con el relamer
del fondo del pozo, el llanto que tala la acacia,
redoble de truenos, la tinta que te echa de menos,
la sangre que te da las gracias,

lo que sé lo sabían los vasos, el alba preñada,
su vientre mojado,
los terrones que endulzan los pasos,
los sacos tan llenos de gloria y fracaso,

el trigo creciendo en la brea, la tea sin luz,
estrella en el cieno que se equivocó de horizonte,
el sudor de los mares, las piernas con esparabanes,
también los lunares del monte,

lo que sé lo sabían los vasos, el alba preñada,
su vientre mojado,
los terrones que endulzan los pasos,
los sacos tan llenos de gloria y fracaso,

la gatera entreabierta, el riachuelo enturbiado,
regadera de angustia, la luna más mustia,
el sol maniatado,
el aullar de las puertas, los goznes arrancados,
el vacío en la cuadra que muerde bisagras,
que sigue a tu lado.

Lamparones

Sobra cuadra para tan poco corcel,
falta fragua y frenesí,
y agujeros que taladren el papel
donde he escrito para ti

más mentiras que pestañas,
que botellas, que doncellas desvirgadas,
que las mellas del carril
que cuentan noches varadas,

sobran días desdentados de reír,
falta ver quién me somete,
y pespunte que sujete cada abril
resabiado al maldecir,

más veces que las goteras
de la criba de saliva
de las almas más rastreras,
sobrarán la vez primera,

herraduras que a las duras siempre están
tapando los lamparones
que gritan a los caminos,
¡no son putas, son molinos
que sólo aire quieren dar!

y, con mordiscos en las ubres, caminar
la senda que más denigre,
que, amamantando a los tigres,
seguiremos siendo libres
como rejas de un penal.

Despeñasueños

Raíz,
quisieron los animales
en la tierra echar raíz,
y sus pezuñas no saben
que el principio no está ahí
mientras pisen los mortales. 

No sé quién dejó en mis manos tréboles de cuatro hojas,
si pedí los minutos transparentes y el rugir del color de las cigüeñas
que traen las garras repletas del clamor
que me mandan las espinas sin saber que la calma que reclaman quedará
oculta entre la maleza,

volvería a nacer en el fango que será Despeñasueños,
que fue yesca y pedernal, en el que párpados caídos
resucitaron erectos,

volvería a caer, reencarnado en cada rastro de los ciervos,
si es el mismo lodazal en el que zarzas y cipreses
se desnudan para vernos,

derribando chimeneas me cansé de plantar en hormigón
los esquejes de un amor al que le brindé ceniza y me embistió
antes de salirle escamas,

y enterrando los cencerros junto a él, sin querer se me cayó
la semilla de tu olor y, al naranjo que en mi memoria brotó,
nunca le nacieron ramas,

si los troncos retorcidos mascullaban a mi paso no lo sé,
en su soplo tan agriado me dormí con un beso de chumberas,
y tan dulce fue mi sueño que tragué
las plegarias con los ayes que son hiel,
y mascando los guijarros me encontré
sus encanecidas penas.

La cuna de los poetas

El barranco de Víznar,
los balidos de Orihuela,
las olas de Rafael,
hacen que el papel le duela
al tintero con sed de acuarelas de aquel Pablo
que soñaba un cielo sin espejos
donde nada queda lejos.

La cuna de los poetas tiene sábanas de sangre,
con tres columnas de alambre,
la que resta, una veleta
que sostiene dos mil vientos;
los limpios, los polvorientos,
y sentencia firme y quieta:
morid mientras me matáis
recortando mi silueta.

Volverán a anidar sus reflejos.

Maneras de vivir

No pienses que estoy muy triste 
si no me ves sonreír, 
es simplemente despiste: 
maneras
de vivir.
Me sorprendo del bullicio
y ya no sé qué decir,
cambio las cosas de sitio:
maneras de vivir.
Voy cruzando el calendario 
con igual velocidad,
subrayando en mi diario 
muchas
páginas. 

Te busco y estás ausente, 
te quiero y no es para ti, 
a lo mejor no es decente:
maneras de vivir. 
Voy aprendiendo el oficio 
olvidando el porvenir, 
me quejo sólo de
vicio: 
maneras de vivir. 

No sé si estoy en lo cierto, 
lo cierto es que estoy aquí, 
otros por
menos se han muerto: 
maneras de vivir.
Descuélgate del estante 
y,
si te quieres venir,
tengo una plaza vacante:
maneras de vivir.

(Letra y música de Leño)