(Texto promocional para la gira Otra noche sin dormir,

de Rosendo, Barricada y Aurora Beltrán)

Otra noche sin dormir

Respeto. Honestidad. Rock & Roll. Tres palabras mágicas, que diría el Drogas. Desvirtuadas hasta el más vergonzoso límite. Vapuleadas, humilladas, quemadas en la hoguera. Utilizadas como moneda de cambio en el trueque infame por la adulación eterna, el cambio de chaqueta y la palmada en la espalda.

En este país de desmemoriados y ávidos de pan duro es tarea harto difícil el conseguir que se mire al rock & roll como lo que realmente es. La música de tres generaciones que no saben de otra sopa que la del día a día. La que no entiende de traición ni engaño. La que pide cuentas sin importarle que las puertas estén herméticamente cerradas. La que recuerda. La que sabe que las cosas no son solamente lo que son, sino también lo que han sido. Rosendo, Barricada y Aurora Beltrán, durante los próximos meses, nos lo van a recordar. Han sido, son y nos han hecho ser lo que somos. Que jamás se nos olvide que llenaron nuestros platos, limpiaron los caminos, nos cerraron la mano en puño y, con más de cinco décadas de humo de batallas en la entrepierna, nos demuestran con su sola presencia que sí, que tal vez al rock se le aupó algunas veces para que se diera con las vigas del techo y que también se le intentaron bajar los pantalones para trabarlo, pero que todo eso sólo sirvió para blindar su cabeza, para encallar la piel de la lengua.

Medio siglo de rock da para mucho o para nada, según se mire. Para algunos tan sólo es el recuerdo de una juventud perdida que no supieron mimar. Muchos abandonaron el hogar sin volver la vista atrás, otros quedaron en los recodos del camino, algunos escupieron sobre sus pasos y tan sólo algunos pocos seguimos mirando con respeto a los ojos de los que nos amamantaron, acariciando las manos que nos dieron de comer, tarareando para la memoria colectiva las canciones que, mientras sigamos vivos, defenderemos como nuestra verdadera nana, esa que paradójicamente nos hizo insomnes. Por eso Rosendo, Barricada y Aurora llevarán su casa, que es la nuestra, por todo el país durante los meses venideros. Nos van a dar la oportunidad única de ejercer de hijos pródigos, de volver a casa. Tenemos muchas cosas que contarnos en lo que sospecho serán muchas noches sin dormir. Y la vida entera si hace falta.