No soy de nadie (2016)

Vengo del Mercado

Vengo del quejío y del estruendo,
de Montoyas y Tarantos.
Vengo de un entierro por la tarde,
de los duelos que vendrán.
Vengo del Enrique y del Roberto,
de las canas del Mercado.
Vengo repleto de soledad.

Vengo de la Antonia y la Paquera,
vengo del de San Fernando.
Vengo del que más grande la tenga
más puñao se llevará.
Vengo de joder preguntadores:
una en punto, dos colgando.
Vengo repleto de soledad.

Vengo huyendo de los que enterraron
el Romance del Amargo,
vengo a que me dé el viento del pueblo
que Miguel supo soplar,
vengo de subir con la marea
a encallar entre tus brazos:
vengo repleto de soledad.

Vengo de regar con sol y sombra
las raíces de mi andamio.
Vengo a que me violen las gaviotas,
a pincharme en un rosal.
Vengo de la cepa del Emilio,
de cartón de contrabando.
Vengo repleto de soledad.

Vengo a ver cómo arde mi castillo
de colillas de Ducados.
Vengo de la pala y el capazo,
del sudor del olivar.
Vengo de ese cielo que los míos
se comieron a pedazos.
Vengo repleto de soledad.

Como quien pide tabaco

Pediré la vida entera
como quien pide tabaco,
“muérete y que yo lo vea”
no sé si es tan necesario
como besar azoteas
mientras muerden en la boca
los infiernos de a diario.

Pediré un dedo de ruina,
por favor, con dos de hielo,
y el futuro de una pompa de jabón
con agujeros,
por donde enhebrar la chorra
y que aparezca el poeta
del fondo del cenicero.

“No puedo con tanto grano”,
dice este silo que he cosido
y descosido tantas veces
con el forro de las manos.
“No puedo con tanto grano”,
llora el espejo
mientras bosteza Cupido
y yo me he ido
a beber con los marcianos…
que me van a colgar.

“No te quedes a mi lado,
que esa mancha no se quita”,
no me hizo ni puto caso,
mira qué dos margaritas:
tan viejas, tan arrugadas,
pero siguen alfombrando
cuando el amor nos visita.

“No puedo con tanto grano”,
cruje este barco.
Culpa mía, capitana,
por querer lamer el culo de los charcos.
“No puedo con tanto grano”,
perdón, molinero,
más quisiera yo meter en su bolsillo
que lo que entra en mi sombrero.

Me quiero descolgar de esta viga,
lo que yo te diga: esta silla va mal.
Me quiere desnudar esta racha,
esta luna borracha, este cuarto de estar.

Me quiero descolgar de esta viga,
lo que yo te diga: esta silla va mal.
Me quiere desnudar esta racha,
esta puta borracha, este cuarto de estar.

Corazón equino

La cabeza de un caballo
me besaba al despertar,
yo pensé que ni tan mal.
-No me irás a meter eso,
es más pequeño que un beso,
no me quiero enamorar.
-¿Para qué tanto cohete?,
yo nunca supe bailar.
-Tú sabrás dónde te metes,
mira que eres anormal.

“Qué duro tienes el callo”,
su relincho me dirá:
guárdalo para cenar.
Esto no hay quien se lo coma,
vengo andando desde Roma,
tengo ganas de fumar.
No me toques la costilla,
vamos a dejarlo estar,
se comieron las polillas
mis noches de carnaval.

-¿Qué le has dicho, que se ha ido,
cacho de animal?
-No le he dicho ná, sólo me he dormido.
No grité puta ni zorra, ella dijo “no te corras”
y se echó a volar entre mis ronquidos.

Se van cayendo las crines,
qué mullido caminar:
sigue tú, no puedo más.
Me quedo en este pasillo,
que he perdido los tornillos
pegando tiros al mar.
No pellizques mis mofletes,
no me quiero espabilar;
que te follen, Manolete,
nadie te verá sangrar.

La sangre llega hasta el cielo

Ya sé que está entrando el agua:
nadaré en su remolino.
Es de valiente o idiota
viviendo en un submarino.
Y cocinaré cristales,
bailarán en mi garganta,
y me llorarán los bares:
“Qué hijo puta, qué mal canta,
pero tiene algo tan triste…
Parece que esté rezando
a la hija de Juan Simón”.

Voy sembrando nubes grises,
que den sombra cuando acabe
de enterrar mi corazón.

Tropezando con persianas
soy más listo cada día,
yo también las besaría
pero no me da la gana.

¿No ves que estoy salpicando
con la lengua por el barro?
Y ya está clamando el cielo:
“No se vio a nadie tan guarro,
y es que, cuando abre la boca,
las mismísimas entrañas
van saliendo en procesión”.

La tierra se vuelve loca
y va cerrando las piernas
escondiéndome del sol.

“Y es que tiene algo tan triste…
Parece que esté rezando
a la hija de Juan Simón”.
Voy sembrando nubes grises,
que den sombra cuando acabe
de enterrar mi corazón.

Y es que tengo algo tan triste…

El año del conejo

Me trajo un golpe de mar
en el año del conejo
que con el rabo escribió:
“Ha nacido un niño viejo como el sol”.
No le deis más de volar,
encerradlo con los muertos;
sesenta en la habitación
y se oían las risas desde el paredón.

Y metida en la chistera
yo te pensaba traer a la luna de rehén,
y ha salido un cristo gordo
dormitando en un palé,
no me preguntes por qué,
que yo tampoco lo sé.

-Se lo tenía que decir:
qué bien le sienta el embudo.
-Gracias señora, me voy,
que, sin siesta, luego no sé ni quién soy.
Al año y medio volví
y no quedaba ninguno.
Un poco de educación:
a ver qué hago ahora con tanto reloj.

Anda, quítame el seguro,
que me voy a disparar
en el medio de los pies.
Méteme un dedo en el culo,
que si no, este madrugar
se nos va a echar a perder.

Quiero ver rodar los dientes por la mesa
y, entre llamas, no pararme de reír.
Venga, padre, pégame entre las orejas,
y al caldero el mundo entero junto a mí.

-¿Tú de qué te ríes?
-Pues de qué va a ser…, de ti.

Malnacido

Qué mal besa este príncipe, me maten,
no tendrás por ahí un sapo resultón;
uno que tenga buen vino,
aunque tenga mal color.
Uno que baile a tres piernas
aunque me pudra la lengua,
uno mudo como yo;
malnacido y santa madre,
uno que moleste a Dios.

Yo, que he muerto tantas veces,
voy a dividir los peces
que he sacado a pasear
en una yegua de plata
a la que muerden las ratas
por no querer galopar,
por dormir como si nada
en el filo de una espada
que nunca entra por detrás,
por quedarse en esta loma,
por cocear a las palomas
que arrasaron nuestro hogar.

Si escapar de mi planeta yo pudiera,
llenaría las bañeras con alcohol,
seco y duro como el cierzo,
resacoso y peleón.
Como el cante de Agujetas,
como el llanto de la mina,
de presente cabezón;
bien hallado en mi cocina,
desterrado del fogón.

Yo, que muero cada día,
resucito en tu alegría
cuando dices al mirar:
móntame, borrico viejo,
que me salga del pellejo,
yo te ayudaré a cavar
una fosa pequeñita
en esta tierra que grita
y que se quiere abrazar
a una lápida que ponga:
aquí yace un hombre solo,
como fue su caminar.

Mierda en las tripas

Aquí estaré, desmontando el invierno:
ya no me cabe el traje de arlequín.
Jugué a perder, pero gané
y me cagué en la puerta del infierno:
por eso volví.

Sólo seré nieto del guardagujas,
el de las lágrimas que hacen reír,
el sueño del barbero, el mataeneros,
ese manco que te empuja,
sangre de Martín.

Reverdecí mirándome por dentro,
y de tanto asomarme me caí.
Lo que encontré fue mierda
y eso es demasiado reino para un tuerto
que sólo quiere oír:

-¡Cómo vienes de serrín!
-Anoche perdí.

Para el dolor, dejé abierta la espita
y ni siquiera así lo adormecí.
No todo ha sido en vano:
los gusanos chuparán estalactitas
que traje por ti.

-¡Cómo vienes de serrín!
-Por fin anoche perdí.

Nicotina y alquitrán

Si se calla el cisne no habrá quien se duerma:
le falta una cuarta para enloquecer.
El primo de Baco le está dando cuerda:
esconde el florero si quiere beber.

No llames al pecho, ya no vive nadie,
si se abre, sonríe, te van a morder;
un acordeón al que le falta el aire,
un corte de mangas, un río con sed.

Descarrilo cuando vas a buscar otro huracán
que te ofrezca lo que yo: nicotina y alquitrán…

Qué asco de tren.

Aquí no se riega, se muera el enebro:
te dejo la espina, me llevo la flor.
Al tallo le di lo que llevaba suelto:
su negra embestida quería carbón.

Me encaro al pasado que me descabeza:
si tira de llanto le como los pies.
Me corta las uñas detrás de una puerta:
salió tonto el niño, qué le vas a hacer.

Del martillo al agua

El cuello de un cantaor
es menos duro que yo
cuando no hago nada.
De esta fuente sale ron,
pon debajo el corazón:
se pudrirá la manzana.

El cuerno de mi unicornio
asoma por la ventana;
llámame loco,
pero esta culebra me habla.
Si follé con el demonio
es que se secó la vaca;
deja que sangre,
que me vuelva calabaza.

Navaja de palo en casa del vago,
no mata, pero mella.
Antonio, compadre, tenías razón,
¡cómo pesan las estrellas!

Las ruedas de mi carreta
sacan humo de las alas,
¡deja que ardan,
que se acabe la tontada!
Llegará otro rey desnudo
a posarse en nuestra rama,
¡deja que trague
lo que queda de la almohada!

Si vuelvo de entre los vivos
es porque ya no te quiero.
Llora que llora, que no llenarás
de ceniza el agujero.

Seremos como fragua:
del martillo al agua y poca sal.

No me beses en la boca

En este patio de muertos me toca vivir,
son veinte y la cama: almíbar seré.
Mientras se cuecen las habas te quiero decir:
olvídame fuerte, igual que te amé.

Nunca seremos harina del mismo costal,
le pido lumbre a sus ojos y se echa a llorar.

Me bebo el aceite por ti
de los pezones del aire,
tierno estaré y, aun así,
no me beses en la boca:
soy vinagre.

Replegaré las ojeras, no pienso remar,
iré contra el faro: tú desnúdate.
Llévate miel y maldice mi estampa al pasar,
deshójame el trébol: yo te mentiré.

Nunca me cuadran las cuentas después de volar,
salen impares las alas, los nidos de más.

Me como las pieles por ti
de los nudillos del tiempo,
solo estaré y, aun así,
no me beses en la boca:
soy cemento.

Me empapo de otoño por ti,
sé que los labios te arden,
frío estaré y, aun así,
no me beses en la boca:
no soy de nadie.