(Prólogo al libro de relatos Al domador se lo tragaron las fieras,

de Kike Turrón)

Escribir con el hacha

Decía Rulfo que hay que escribir con el hacha. Siempre me gustó aplicarles esa hermosa disertación a los autores que me gustan. Todos ellos, tal que el autor que nos ocupa, así escribían: Bukowski, Miller, Thompson, Fante, Burruoughs. Con el hacha, con el corazón y en muchos casos con la punta del cacharro. La absoluta totalidad de ellos, aparte de el ser los verdaderos exponentes de la literatura del pasado siglo, tienen en común algo que es lo único que los diferencia de Kike Turrón: están muertos. Kike está tan vivo como lo está su libro. Tan vivo que lo pone a uno nervioso. Tan vivo que da envidia. Envida cochina. Envidia porque, los escritores de hoy en día, a pesar de respirar, que parece ser el único requisito para verificar la vitalidad de una persona, estamos tan muertos cómo nuestras máquinas de escribir, y por supuesto, muchísimo más muertos que los autores que antes os citaba. Servirá al lector la lectura de estos relatos para conocerse más que para conocer a Kike Turrón. Me explico. Si después de leerlos sientes qué todavía se pueden ver tus huellas en el barro, si todavía puedes oler tu propio humo, si logras recordar el sabor de la boca de tu primer beso, si no logras diferenciar la resaca del dolor de cabeza, si logras tener fantasías sexuales con la enfermera de tu consultorio, si todavía te duele el corazón al recordar viejos amores, si piensas en la canción que quieres que pongan en tu entierro, si las lágrimas se te van de las manos al recordar a los amigos muertos… en definitiva, si después de leer éste libro tienes ganas de resucitar, entonces sabrás, sin haberlo visto nunca, que Turrón es y será tu compadre de por vida. Si no es así entonces sabrás donde tienes un nuevo y acérrimo enemigo.

Así que después de leer ésta fabulosa colección de relatos, le queda a uno la sensación de que algo en la literatura está cambiando. Le queda a uno la sensación de que ya era hora de honrar al asfalto como se lo merece, derrumbando el tópico de escritura barriobajera, chabacana y quinceañera que tanto abunda en este país de analfabetos, desmemoriados y hartos de pan duro. En este país sin proletariado. Pero sobre todo es el momento de pisotear a los dinosaurios y a los Dioses y arrastrar sus cadáveres por el suelo lleno de cristales de un bar en el que acaban de tocar los King Putreak. Es el momento de apagarles la bombilla a las polillas orgullosas y altivas que todavía pululan por el mundo de las letras. Es el momento de llegar al folio de empalmada y sodomizarlo con vaselina, consentimiento y respeto. Es el momento de Kike, escribiendo como un funambulista de las aceras. Escribiendo desde el lado izquierdo, que es el del corazón, y con la zurda, aunque la letra salga torcida. Y mientras, con la diestra, una paja. Así que aquí se queda la reja abierta para que pase usted, Señora Literatura, a la jaula de las fieras del Turrones. Se va a cagar.