(Hoja de promoción para el disco Papeles mojados, de Desalojo)

Desalojo

Papeles mojados

Cualquier persona que ande en el mundillo de la farándula estará de acuerdo conmigo en que la frase más manida por esa masa informe a la que se le llama humanidad es que el rock & roll está muerto. Yo sé de buena tinta que no. Aunque lo intentan, eso está claro. Casi todos los días se le entierra, se le hace misa y funeral, se le llora dos minutos y aquí paz y allá gloria. Pero al rock no le hacen falta tres días para resucitar. No. En cuanto siente golpear en la tapa del ataúd las primeras paladas de tierra se empieza a revolver, a patalear, a morder el terciopelo y, al final, termina sacando la cabeza entre los lápidas dispuesto a seguir jodiendo siestas.

Y en esas andan los Desalojo, sacudiéndose el polvo y entregándonos un primer disco al que nadie va a tener cojones de enterrar vivo. Porque, a pesar de su envidiable juventud, los de Pobra do Caramiñal suenan a vino añejo, áspero, del que quita la sed y hace brillar los ojos: del que se comparte en una bacanal de guitarras y alaridos, del que afila la lengua y busca pelea. En este trabajo resuenan ecos que conozco bien. Crecí con ellos. Psicofonías del rock llamado urbano mezcladas con la técnica depurada de unas guitarras que despeinan a los caballos que galopan entre la costa y la montaña. Que relinchan conjuros gallegos. Que sonríen sin volver la mirada.

Grabado, mezclado y producido en Octubre de 2009 en los estudios El Sótano de Artika (Navarra) por el omnipresente Iker Piedrafita, que además se encarga de derramar sus coros por todo el disco, cuenta con diez impecables composiciones además de innumerables colaboraciones de otros desenterrados como ellos.

Papeles mojados, que además da título al disco, derrocha alegría y nostalgia a partes iguales, con las inconfundibles guitarras de Kuervo (Forraje) y Alfredo Piedrafita (Barricada), En Vuelvo a respirar, Iker Piedrafita canta una intro que pone la piel de pollo, igual que Parte del viento, una interminable balada que a mi parecer es el diamante más brillante del disco, en la que la única sombra es el recitado de un servidor. Cenizas, Juego prohibido y A lomos de un susurro son auténticas lecciones magistrales de cómo pueden sobrevivir tres guitarras solistas acariciándose sin llegar a arañarse. En Mosca cojonera dejan claro lo que yo he apostillado: se han acostado con la muerte. Y han sobrevivido. Tras un tren es toda una declaración de intenciones; no hay razón para perder la vida tras ellos. Escuchando Una canción, le dan ganas a uno de tragar piedras sin masticar, de pura rabia. Y para terminar, A cada instante, en la se dan cita las gargantas más castigadas, las más arenosas, las más viejas del mundo, dígase las de Lulu (Forraje), Boni (Barricada), Kutxi (Marea), Martín (Bocanada), Marta Rekalde (Marti-K) y Brigi (Koma).

Así que entre Piru (bajo y voz), Jito (guitarra y voz), Diegol (guitarra y coros), Randy (guitarra solista) y Ramallo (batería), amputan los brazos con este Papeles mojados a todos los que tengan la osadía de decir que el rock agoniza. Indispensables sus manos para sacar del nicho a quien quiera seguir dejando un rastro de polvo. Yo, de momento voy a ensillar mi caballo y a llenar mi copa del mismo vino del que ellos beben. Con la boca llena de tierra. Como debe de ser.