(Hoja de promoción para el disco De donde el aire da la vuelta, de Iratxo)

Iratxo

De donde el aire da la vuelta

Siempre he pensado que no hay mestizaje más puro que ser mitad aire y mitad viento, y esa es la sensación que queda tras paladear este magnífico primer trabajo de Iratxo: aire puro, ventanas abiertas, goznes arrancados y brazos de par en par. Y una arenga constante: hay que mirar hacia el sur, hacia donde el aire da la vuelta en busca del corazón para hacer el mismo trayecto una y mil veces besando cada paso dado en falso. El mismo aire indómito que durante el 2007 quiso posarse en el centro del pecho de Madrid para silbar las catorce canciones que componen el disco. Al oído, sin urgencias, dejando que bailoteen los pies, que nos lleven y nos traigan, haciéndonos un poco más libres, un poquito menos tristes. Catorce besos con los labios entrecerrados siempre buscando la boca presta de sus Iratxos, dígase Sergio y Alex a las guitarra, Ana a la percusión, David a la batería, Adrián al bajo, Txikitín a la trompeta y Yanina al saxo. Todos ellos saben que sus manos son agradecidas y se dejan querer cada vez que Iratxo canta dando las gracias. A su guitarra, su sonanta, su bajañí, en definitiva: a sus alas. Las mismas alas que, si queremos y sabemos escuchar, también pueden ser las nuestras. Las mismas alas frágiles y poderosas que arropan y elevan. Que desnudan y asolan. Alas de colores pintadas por sus compadres. De azul cielo en el caso de los maestros Carlos Chaouen y Paco Cifuentes, de verde olivar en el de su paisano Albertucho, de gris tormenta en el de Kutxi Romero, de color madera de paleta de pintor en el caso de Canteca de Macao. Y entre todos dejan claro que al arlequín le faltan colores, que los barcos no se hicieron para navegar en botellas, que por Lavapies ondean banderas piratas sin sueños y que ojalá sea esta la primera y no la última vez que se planta hierbabuena en los bordillos de la libertad, aunque esa palabra pese mucho. Así que vamos a dejarnos de vendavales y a vagabundear río abajo, buscando nosotros también el sur, y así quizá encontremos la felicidad de perder el norte, sabiendo que tal vez no haya vuelta atrás. Ni falta que hace. Eso tan sólo lo saben el aire e Iratxo. Y yo no se lo pienso preguntar. Tú tampoco debieras. Lo mejor será seguir el rastro de sus bellas canciones. Y recuerda: mirando al sur. Siempre hacia el sur, amigo.