Las aceras están llenas de piojos (2007)

Letras

1. Entre hormigones
Sigue durmiendo, que no quiero que me veas
escupiendo los flecos de tu falda otra vez,
que encontré por los bares y me los metí a pares
entre el hueso y la piel,
sueña despacio con mi palacio,
que es el paraíso en que piso aunque sea un mojón
con tu nombre escrito por los rinconcitos
de su corazón,
cuando despiertes caerás conmigo en el barrizal,

y entre hormigones me verás, entre lunas de alquitrán,
entre sus pezones tiesos,
con las persianas levantás, que a la puta oscuridad
le sobran besos,

si estás cansada yo te vigilo las hadas
que se van en manada con un trote cabrón,
a lo alto de un cerro
para ver el entierro de la imaginación,
sigue roncando y, de vez en cuando, afloja correa
que veas que yo sigo aquí,
de mala ralea, siempre de berrea, queriendo gemir,
cuando despiertes estaré con los charcos en los pies,

y entre hormigones me verás, entre lunas de alquitrán,
entre sus pezones tiesos,
con las persianas levantás, que a la puta oscuridad
le sobran besos,

aquí estaré, esperando a que pises
todas las mañanas grises y las tardes tuertas,
aquí, de pie, quejío de la acera,
el martillo para espejos de no ver,
querrás saber de tantos manantiales
que en mi boca desembocan como lava hambrienta,
te contaré que nunca fui un poeta,
para las arrugas viejas soy José.

2. Aceitunero
El cristal de mi pecera tan sólo lo ensucias tú,
cuando dices: Romero, que solo estas,
no es pa tanto, haz el favor, abre la luz y cierra el gas
que se van los churretes de sudor del ataúd,
y el olor de cantaores al llorar,
y mi luna de Jaén baja de luto a caminar,

aceitunero el sol,
y el cante de ese grajo que en mi garganta no quiere anidar,
aceitunero yo,
si un día fui camino, pues hoy muele molino, y a rodar,
aceitunero el sol,
con dientes en las botas, mordiendo a las gaviotas al pisar,
vareando poetas para hacerlos hablar,

el morral donde guardo lo que he sido se perdió
con los callos del mango de la sartén,
mis alhajas, mi mortaja, con todo lo que ahora me da igual,
me quedó una rienda hecha en cuero de tu piel,
y el fragor de chiribitas al mirar,
unos pies de enredadera y ratoneras para el despertar,

aceitunero el sol,
que prende los fogones del pecho del que lo quiere mirar,
aceitunero yo,
llenitos los bolsillos de aromas de membrillo y de galán,
aceitunero el sol,
muriendo a las mañanas cayendo de su rama a mi trigal,
para hacerme una lumbre,

aceitunero el sol,
que se acuesta en los mares y siempre le quitan algún retal,
aceitunero yo,
que asusto a la simiente con mi voz de aguardiente al acunar,
aceitunero el sol,
el árbol de pesares que nunca deja ver el robledal,
aceitunero soy,

y los sacos no dan abasto de olores,
de sillas de anea, de tantos sudores,
de anís y pestiños, de lechos de almendra,
de bolas de enebro, de más corazones,
no caben más gatos con sus cascabeles,
con sus noches muertas para que las vele,
no cabe ni siquiera la luz.

3. Por cuatro perras
Contigo me despeño sin saber adonde vamos,
y que mis poemas se los coman los marranos,
que mastiquen las piedras que duermen en mi paladar,
si nos salen raíces tendremos que arrancarnos,
si no es suficiente nos pondremos a despulgarnos,
que sean pa los cochinos nuestras liendres miguitas de pan,

se comerán los cerdos los sueños que no tuve,
que tuvieron ganas de follarse hasta las nubes,
que saben que mi ventolera fue sólo ladrar,
saben que la razón ni me falta ni me asiste
y tengo corazón pa que no te pongas triste
y juntitos, no teniendo nada, sobre la mitad,

a bellota me saben los labios, a mierda la boca y a barro las manos,
cuando no nos vemos y al ladito estamos,
a bellota, de hocico en hocico, de tanto dolernos, de meter el pico,
de no despiojarnos,

lo que les sabe a humo, a mi me sabe a tierra,
y, aunque mis gruñidos los vendí por cuatro perras,
me queda un poco de tinta para emborronar,
y apagar las colillas en todos los recuerdos
que fueron semilla pero ahora son crisantemos
que esperan que, envuelto en madera, los vaya a besar.

4. El trapecio
Ya no me estorba el ruido al crecer de la hierba,
la ruina manando en las fuentes,
ni el aletear de jilgueros que enturbian las venas,
que haciendo leña de patas de cama y timones
espanto a todas las culebras
y remonto el río a traspiés,

si las cuerdas del trapecio las corté
fue para subir y atarlas y ver a la luna otra vez,
y volverlas a cortar una y mil veces
y boquear como los peces cuando les toca perder,

me desentraño y el eco suena en la despensa,
yo sé que vendrá a desquitarse,
él sabe que me ha de encontrar por las mismas callejas,
vendiendo tumbos, sin rumbo, coraje, ni prisa,
vertiendo minutos de arena y haciendo sendero al caer,

y el trapecio me regala calderilla
para verme de rodillas, pero no le rezaré,
de las mechas que ha prendido en la penumbra
soy la que menos alumbra, y es que nunca quise ver,

y cuando me araña las tripas la zarza de pena que escondo,
me mezco un ratito en el ancla que lastra mi vida y que no llega al fondo,

poco me importa, quizá despojarme del cieno
que me habita entre las orejas,
si acaso ensuciarme el regazo para,
si se va todo a la mierda, reírme entre los lamparones
y que la humanidad entera mañana se muera y dé igual,

no quiero ser más que el esqueleto de lo que he sido,
que cuenta al oído su penar,
sólo el murmurar de los cimientos enloquecidos
que nadie ha podido desflorar.

5. Mierda y cuchara
Cuéntame, dime quién te ha colgado el mar de las pestañas,
y ahora dársena de estiércol se tornó la comisura de los besos,

sed de limón, cimbrear como las espadañas,
y en el hueco de mi espalda y la pared
cuelga tu nido del revés,
y cada huevo parido es nada,
y cada beso en la boca es nada,
como si no hubiera pasado nada,

un reguero de luna será nuestra casa,
de esta luna tan puta de pechos de plata,
será el arrullar de la libertad
que tiene cogida pa ti y para mí en la goma de sus bragas,

cuéntame del llover, de los días de mierda y cuchara,
de la rara podredumbre del querer cuando no falta de nada,
porque sé que el saber no sirvió para dañar tus labios,
y que te sobra todo lo que va después,
del “yo te quiero” y “yo también”,
y mi costilla arrancada es nada,
y cada trino quebrado es nada,
que fuimos, somos y seremos nada,

aguacero de soles caerá en nuestra cama,
que sólo quiere amores de piernas mojadas,
y dejarnos prender, que no es menester,
ponernos en pie, tú como luna en celo y yo como una cabra,

regaré sin querer con silencio de estrellas tu cuarto,
que no anhela más que el grito del papel
en el que he escrito mi quehacer,
que nunca más servirá de nada,
si su tronío se queda en nada,
cuando su savia ya no riega nada.

6. Mil quilates
Menos azul y más negrura al agua pura sin color,
la polla dura congelada en el arcón,
no quiero besos cuando empiece el tiroteo,
que el rechinar de los muelles de somieres cuando quieren galopar,
es soneto y melodía y poesía de verdad,
y no tonterías del viento,

dame marrón y llévate blancos de nieve y de encalar,
le saco brillo a mi gatillo de danzar
y las caricias se las guardas a tus muertos
que no sabrán si verdean los cipreses o se oscurece el coral,
si enrojecerán los meses de quererse levantar,
del rosa de los putos cuentos,

son camaleones vestidos de oveja
los ojos traidores que enredan madejas,
robando colores de los corazones de los que se dejan
pero del nuestro no,
que late tranquilo sabiendo que salen
detrás de sus hojas cientos de alacranes
que cuidan de que esté siempre en flor,

mojo en el gris que es más añejo y nunca pedirá perdón,
que el cobre viejo me deslumbra más que el sol,
de tan raídos los vestidos que se pone,
y a destilar con los puños de alambique los tabiques de este mar
y quedarme con la esencia, que es paciencia para andar
saliendo humo de los cojones,

son camaleones vestidos de oveja
los ojos traidores que enredan madejas,
robando colores de los corazones de los que se dejan
pero del nuestro no,
que late tranquilo sabiendo que salen
detrás de sus hojas cientos de alacranes
que cuidan de que esté siempre en flor,

si despertar son mil quilates de gloria bendita,
mejor soñarme remendando velas marchitas,
que ya estoy harto de remar, compañera soledad,
de tu puerta hasta la mía.

7. Petenera (en carne viva)
Descose telarañas goteando cuando llega la alborea,
y las pone a secar en la maleza de sus ojos que, al tronar,
le juran por los olivares que les dieron de amamantar
que van a dejar sin cabeza cada madrugar,

le rondan las pirañas y se apaña azuzando la mirada,
para alejarlas con las garrapatas que la quieren devorar,
y ser la neblina del bosque, que mira y no deja mirar,
penacho de invierno sediento de mi lagrimal,

de leña seca su ropaje, petenera su lamento,
en carne viva el carruaje que la lleva a sus adentros,
la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos,
de ir en contra de los vientos,

empalma hasta a los juncos que eran firmes antes de ser destronados,
y nunca se ha corrido con el ruido del gentío y su existir,
comadre de las musarañas, como en la canción del Martín,
que encuentra sentido al seguido del punto del fin,

de leña seca su ropaje, petenera su lamento,
en carne viva el carruaje que la lleva a sus adentros,
la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos,
de ir en contra de los vientos.

8. Nana de quebranto (mala sombra)
No te vayas aún y hazles palmas a los buhoneros,
que traen la talega hasta arriba de huesos,
que se han tirado la noche por mí desenterrando sueños,
y hacen aliño si me destiño y doy el día con la letanía de mi vertedero,
que no me cabe debajo del sombrero,

no te duermas con mi nana de quebranto,
que es el canto con el que despierta el sol,
llorando como un niño chico cada vez que le dedico
esta sombra que me dio, donde sólo cabemos los dos,

si me cuca un ojillo la parca yo encojo la pata,
pero la sonrisa siempre me delata,
déjame terminar de pintarle plumas a las ratas,
que cojan vuelo desde tu pelo,
donde vivimos desde que los suelos cualquier día nos matan,
si de ser cielo es de lo que se trata,

no te duermas con mi nana de quebranto,
que es el canto con el que despierta el sol,
llorando como un niño chico cada vez que le dedico
esta sombra que me dio, donde sólo cabemos tú y yo,

cavé mi fosa entre tus cosas, aburrido de haber sido el que más amor te dio,
también el que más fatiguita y palabras malditas camino del huerto,
sin saber si olía a muerto nuestro triste y asqueroso corazón,

peleándome con mi cabeza no me gana naide,
le falta cordura, me sobra vinagre,
y mala follá, y una boquita muy bien afilá,
que prefiere triscar en la hierba
antes que rendirle cuentas al aire,

si te quedas conmigo aquí, sabrás que mi palabra
viste de rojo carmesí,
dale cordel a su trajín, saldrá de mis entrañas
lo que vuelve en oro el serrín,
o en más sangre con la que escribir.

9. Me corten la lengua
Me dijiste: “píntame”, y pinté una luna,
luna de cuarto menguante con un guante de podar,
que con la otra mano agita cacerolas
con el ruido de las olas que la tiene enamorá,
y lloraste al verla: “imagínate que te pinto yo a ti
un sol radiante y lo pongo delante pa cuando no estés”,

que me corten el gaznate si no veo que se baten
mariposas a tu andar,
si no lloro una bahía cuando estés loca perdía
de conmigo cojear,

te pedí que no me ataras y empezamos
con los nudos en las manos, los grilletes y el bozal,
que más tarde, cuando el día ya no ejerza,
con la camisa de fuerza nos pondremos a bailar,
y trastabillar entre tanto pie que no sabe trabarnos
ni sabe quitarnos las llaves del anochecer,

que mala muerte me venga o me rebanen la lengua
si te quise querer mal,
tú me diste tanta fiebre, yo te di perro por liebre
y nos quedamos en paz,

que si la noche se estaba encuerando no fue para verme,
lo que quería es cincuenta y la cama, ¿con quién?, daba igual,
con troncos viejos que con calaveras que esconden los dientes,
con dedos largos que nadie les queda para señalar,
con los muñones que escriben derecho en renglones torcidos,
con el olvido que siempre se acuerda de resucitar,
con los relojes que me echan las cuentas y no han entendido
que no me he rendido, quise fracasar,

que me ronden moscardones al olor de los cajones
que una vez cerré por ti,
si palpitan cremalleras al compás de primaveras
que no las quieren abrir,
que se caiga el sol a cachos, y con él el dios borracho
que te quiso hacer sufrir,
que te echó su mal aliento que yo transformé en cemento
para hacerte sonreír.

10. La hora de las moscas
Relincha el pellejo, preñado de espuelas,
porque su montura es tan sólo saliva que puebla mejillas,
fundiendo los plomos, matando polillas,
es el sollozo de un pozo con sed,
gemido que atiza el rescoldo de la chimenea,
tinto de pelea, beso de morder,
es el alero que quiere llover,
es levante y tramontana y a la hora de las moscas… chicharrina,
corona de espinas de la que comer,
es una blusa con nudo en el pecho,
es un largo trecho y desaparecer,

es un abrazo de navajas que sangra rosales,
un lecho de paja y cristales,
pozales de hiel bebidos a sorbos y echados a perder,
es una brisa de octubre que tira paredes,
la ubre en que duermo y que quiere
al pétalo enfermo que canta al toser,

trataron de herrarle y cerró las tijeras,
no fue a cal y canto, quedaba la punta de untar las heridas,
sirvieron de lienzo las horas perdidas,
es el antojo del ojo que ve
cómo muere solo a través de la misma mirilla,
de la misma puerta que quiere romper,
es una mano intentando coger
del amor algún pedazo y los tacones en la nuca de la vida,
manzana podrida, quijada de Abel,
que se entretiene desabotonando las claras del día
para verte bien.

11. Los mismos clavos
Me dices que me parezco a los caracoles,
me sobra techo, me muero en soles
tras espesura del chaparrón,
será que el camino bueno se ha vuelto malo,
o que no quiero pegar ni un palo,
que sólo quiero escuchar tu voz,

que siempre llego a la deshora que me marca el corazón,
y que, cuando estamos a solas, molesta el caparazón,

me dicen que tus braguitas revolotean,
que lo hacen sólo pa que las vea,
que llevan alas de desamor,
será que las ensuciamos tan malamente,
que los colchones son mala gente,
que siempre quieren tener razón,

que siempre llego a la deshora que me marca el corazón,
y que, cuando estamos a solas, molesta el caparazón,

mi casa está donde estás tú,
los mismos ojos, la misma luz,
mi casa está donde estás tú,
los mismos clavos, la misma cruz,
los mismos clavos, el mismo ataúd.

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